Wanderlust, Cuerpos en Tránsito

Dos mujeres de distintos orígenes (Argentina-Alemania), dos miradas sobre un mismo viaje. A lo largo de 13 fronteras investigan el “cuerpo femenino en tránsito”, sus relaciones en entornos culturales, económicos y religiosos diferentes.

Sobre la pelicula, los viajes y el cine entrevistamos a Maria Perez Escala y Anne von Petersdorff

¿Cómo surgió la idea de la película?

Anne: La idea surgió por un lado después de pasar mucho tiempo trabajando con el tema de la mujer en viaje y por otro lado por nuestra propia experiencia viajando. Durante los últimos 10 años nos movimos mucho y en nuestros viajes siempre sentíamos que la experiencia como mujer era muy distinta a la experiencia de otros compañeros viajeros. Al margen de si estábamos en una terminal de buses, un cruce fronterizo, o simplemente interactuando con la gente que conocimos, sentíamos que esta diferencia tenía que ver con ser mujer. Andar por diferentes lugares del mundo dentro de un cuerpo de mujer, nos hizo ver que dependiendo del lugar geográfico en el que nos encontramos, nuestras posibilidades y limitaciones eran diferentes. Como mujeres sentíamos, que a veces no deberíamos circular libremente en algunos espacios públicos que son dominados por hombres. Pensamos que este sentimiento de limitación se materializa en muchas formas y que es algo que muchas mujeres conocen. Entonces, quisimos ofrecer una visión diferente sobre la percepción corporal y la experiencia de los que dominan los relatos de viaje, que suelen ser de sexo masculino. Así empezó la idea.

Mari: De a poco empezaron a aparecer las primeras líneas conceptuales que nos ayudaron a focalizarnos en nuestra mirada y en nuestro recorte. Lo primero fue la certeza de registrar el viaje a dos cámaras. Las dos pertenecemos a culturas muy distintas, con dos miradas muy diferentes, y pensamos que era muy importante que esto formara parte del relato. Que no exista una sola voz, sino que esas miradas dialoguen. Otra decisión muy importante, que marcó la idea de la película fue la de no tomar avión. Atravesar físicamente cada frontera en nuestro camino. Sentir el tiempo y el espacio. Estar en contacto con las diferentes culturas e intentar buscar caminos alternativos a los preestablecidos para los turistas.

También, como cualquier película, y más en el caso del documental, muchas ideas aparecen como revelaciones durante el proceso. Había un tema que no habíamos previsto y que floreció desde adentro, en el momento de edición. Con Anne nos habíamos visto solo dos veces antes de hacer este viaje. Un viaje que hasta con un mejor amigo, resultaría complicado hacer. Así que no solo resultó una prueba superada, sino que además uno de los temas que sostiene nuestra película, es la construcción de esta amistad.

¿Cómo fue la producción del film?

M: Cuando decidimos hacer este viaje no había tiempo para pedir fondos. Era tiempo de viajar y decidimos hacer la película con lo que teníamos. Salimos con nuestras dos cámaras, un par de micrófonos, y dos notebooks. Y financiamos todo nosotras de manera independiente.

En la siguiente etapa, cuando tuvimos todo el material, y no contábamos con más dinero, necesitamos buscar vías de financiación. Se sumaron dos productoras al equipo y empezamos a pensar un plan para poder terminar la película. Participamos del WIP de Mar del Plata y el FIDBA, realizamos una campaña de crowdfunding y solicitamos un subsidio en el INCAA de postproducción. Con esos fondos trabajamos en la postproducción y distribución en festivales.

¿Cuántos días duró el viaje? Cuáles fueron las mayores dificultades que se encontraron al momento de filmar?

M: Un vuelo de Egipto a Alemania dura 4 horas, pero el mismo camino también puede tardar 2 meses (20 autobuses, 12 trenes, 5 autos, 4 bicis, un velero, un barco y muchos kilómetros a pie).

El choque cultural más grande, yo lo sentí en Egipto. Era un lugar dominado por hombres, y como mujeres, como extranjeras, por nuestra forma de vestirnos, por andar con cámaras… sentía que llamábamos mucho la atención. En general pienso que fue un proceso de acostumbrarnos a cada lugar y de ir comprendiendo a la gente de cada lugar. 

No fue fácil tomar el hábito de filmar todo el tiempo. Había muchas veces que estábamos cansadas o preocupadas por resolver situaciones externas, entonces filmar pasaba a un segundo plano. Por ejemplo y sobre todo para mi, en las situaciones de fronteras, situaciones conflictivas de abuso de poder, desigualdad de género, donde existía el riesgo de no pasar, y principalmente donde estaba prohibido filmar pero no podíamos dejar de hacerlo porque ese espacio, ese límite era precisamente uno de nuestros principales intereses.

Creo que estos momentos de atravesar fronteras externas de manera física, también nos enfrentó con fronteras internas y miedos que desconocemos de nosotras mismas.

En general pienso que entre nosotras logramos incorporar la cámara hasta el punto que muchas veces, nos olvidamos de que estaba ahí. Pero claro, con las otras personas siempre era más difícil generar esa confianza. También, creo que la cámara hace sentir “al otro” todavía “más otro” y esto se volvía una relación difícil de romper.

A: Obviamente la seguridad es importante, pero también sentía que era parte de un imaginario cultural limitado lo que causa dificultades a la hora de viajar. En el sentido de, como yo, como mujer, soy percibida por otros. En las interacciones que he tenido antes, durante y después de este viaje, por ejemplo, casi siempre mis interlocutores me piden que me cuide, muchas veces me caracterizan como descuidada, y en muchos casos mi decisión de viajar sola es francamente cuestionada: ¿Qué me impulsa a viajar? ¿No puedo ir a casa? ¿De qué estoy corriendo? Puede ser que lo hagan sin malas intenciones, pero implícitamente indican que las narrativas que expresan “curiosidad” y “aventura” casi nunca están asociadas con mujeres. 

El documental tiene un enorme trabajo de edición y montaje ¿cómo fue trabajar en conjunto al momento de decidir el material? Cuanto quedó afuera de lo que vamos a ver?

M: El proceso de edición fue muy duro, sin embargo tener claros los conceptos que queríamos transmitir ayudó a superar los mayores conflictos. La edición fue cambiando mucho en todo el proceso. Empezamos a visualizar en Alemania, armamos la primer parte del esqueleto en Estados Unidos y la terminamos en Argentina. El primer corte lo hicimos nosotras y duraba 4 horas. Durante este proceso era como editarla tres veces, primero una mirada, luego la otra, y finalmente una compartida que conjugaba a las dos. Y así llegamos a este primer corte tan largo. Sabíamos que era necesaria una mirada objetiva del material para que la película termine de tomar su forma. Y le entregamos este corte a nuestro editor. Nosotras como realizadoras y protagonistas, no podíamos tener la distancia para ver ciertas cosas. Así que el trabajo lo fuimos haciendo un poco entre los tres. El editaba un fragmento y luego lo conversábamos y corregimos. Confiamos mucho en su mirada como montajista y la película volvió a cambiar su forma, una vez más en este momento del montaje.

Lo interesante, fue que aun con muchísimas diferencias, y con muchísimos kilómetros en el medio, siempre encontramos la manera de entendernos. Algo que varias veces nos dijimos a lo largo de todo el proceso fue: “no sabía dónde me estaba metiendo, hasta que no estuve adentro!”. Pienso que no hubiera sido posible sin la apertura que tuvimos y seguimos teniendo cada una para con la otra. Creo que fuimos flexibles, que supimos ceder y aprendimos a escucharnos. Sabemos que nuestra película es lo que es porque es de las dos

¿Qué tiene que tener una historia para que te involucres como directora y decidas llevarla a la pantalla?

A: Para mí una historia que quiero ver en la pantalla necesita estar motivada por el deseo de un cambio social y una conexión personal. Y por supuesto los dos están conectados. La historia necesita “hablar conmigo” en estos dos niveles, lo personal y lo «político», y necesito poder unir estos dos puntos de una manera honesta. Puede ser que suene super general, pero lo que quiero decir es básicamente que aunque hay muchas razones por las que hacemos películas en general, y razones por qué ponemos nuestra energía en ciertos temas, para mí es lo más importante poder responder a la pregunta ¿Por qué es importante? ¿Por qué es necesario contar esta historia? La respuesta a esta pregunta (en mi caso) siempre implicará el deseo de mover o cuestionar a la sociedad, de desafiar los estereotipos, de llamar la atención sobre temas que antes eran ignorados, etc. 

Ahora, hay muchos temas que cumplen con este criterio, temas que son de suma importancia en el mundo de hoy, pero muchos de estos temas no los tocaría porque están demasiado lejos de mí y de mis experiencias personales, y como resultado yo sólo sería capaz de trabajarles en abstracto. Creo firmemente que no se puede entender la mayoría de las cosas importantes a distancia. Tienes que acercarte porque cuando te acercas a un problema, ves los detalles, los matices. Por eso es tan importante tener diversidad dentro del mundo de cine y obviamente eso no es solo una cuestión de género, tambien de clase, origen, etnia, educación , etc.

M: En este punto, coincidimos con Anne, y no es casualidad, también habla de nuestro encuentro estético e intereses comunes. Uno puede contar las historias sobre las cuales se siente parte. No puedo hablar de algo sobre lo que nunca estuve involucrada o respecto de lo cual siento distancia. Para mi es muy importante que en la forma aparezca mi sensibilidad, mi mirada.