14° FESAALP: cine y derechos humanos en tiempos de feminismos

La sección Derechos Humanos del Festival de Cine Latinoamericano de La Plata busca reflejar las luchas populares por las conquistas de derechos. En Nuestramérica contemporánea, el movimiento histórico de los feminismos se ha erigido como el proceso político de liberación más transformador de los últimos tiempos, abriendo discusiones en todas las aristas culturales, atacando el problema de fondo: el patriarcado, el capitalismo, el imperialismo, sinónimos de un mismo sistema opresor. La presente selección intenta abordar la rica diversidad del movimiento, atravesades por un evento histórico y conmovedor para la ciudad, el mayor Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Trans, Travestis, Bisexuales y No-binaries del que se haya tenido registro en nuestro país.

La película argentina ¿Quién mató a mi hermano? (2019) de les realizadores Ana Fraile y Lucas Scavino, muestra la lucha incansable de Vanesa Orieta por encontrar a su hermano, Luciano Arruga, desaparecido el 31 de enero de 2009. Todos los indicios de la desesperada búsqueda apuntan a la policía local como autora de la desaparición. Vanesa, junto a familiares y amigues de Luciano, sufren las amenazas de la fuerza de seguridad, la manipulación del sistema judicial burócrata y la indiferencia de la clase política para esclarecer el caso. Cinco años después de su desaparición se encuentra el cuerpo de Luciano en un cementerio municipal donde había sido enterrado sin identificación. El informe policial indica un accidente vial, la investigación de Vanesa y los allegades de Luciano prueban que lo mataron y que se trata de un crimen de lesa humanidad. 

La historia de Luciano Arruga representa la de miles de pibes y pibas desaparecidas y asesinadas por las fuerzas de seguridad en este genocidio por goteo que vivimos en nuestra fallida democracia. La historia de Vanesa es la de miles de mujeres de los barrios, madres, hermanas y amigas, que han protagonizado históricamente las luchas reclamando justicia por cada vida robada por la represión estatal, desde Madres y Abuelas de Plaza de Mayo hasta las que le ponen el cuerpo combatiendo contra el gatillo fácil. 

También es la lucha que dio contra la dictadura chilena el movimiento Mujeres por la Vida, una historia de lucha recuperada por la directora del país trasandino Josefina Morandé, en Hoy y no mañana. En estos días, en que el valiente pueblo chileno despertó contra el proyecto neoliberal y consiguió abrir la discusión sobre la Constitución heredada de la dictadura, el film de Morandé se presenta como una oportunidad para encontrarse con esas luchas que nos preceden, que están en nuestra genética latinoamericana, como la de Mujeres por la Vida, mujeres que decidieron romper el cerco patriarcal del hogar para salir a las calles de Santiago de Chile a enfrentar a la dictadura de Pinochet. 

Mediante actos relámpago, intervenciones públicas, y luego saliendo masivamente a las calles, como hoy sucede con les estudiantes chilenes que encendieron la mecha, el movimiento, logró movilizar la mirada del pueblo chileno sobre el proceso militar y horadar la legitimidad construida desde los medios hegemónicos. Hoy y no mañana es la invitación a salir a luchar ahora con la mirada al pasado, que es también el futuro, como reivindican nuestros pueblos originarios.

Tiempo cíclico de la cosmovisión indígena que interpela a Citlalli, mujer indígena del Ecuador que protagoniza Huahua, documental realizado junto a su compañero de vida también indígena y co-realizador, Joshi Espinosa Anguaya. Ambes registran el período de gestación de Citlalli y su preocupación por qué identidad le darán al futuro hijo, si lo criarán desde su identidad indígena volviendo a su Cotacachi natal o si continuarán con su actual vida en la ciudad. Huahua es una reflexión sobre la mapaternidad, un acto de conciencia sobre la crianza compartida, la importancia en la transmisión de valores en la familia, las responsabilidades y sacrificios compartidos, como así también un llamado de atención sobre la pérdida de valores ancestrales, donde la vida globalizada choca contra nuestras identidades regionales, ancestrales, latinoamericanas.

La familia puede ser nuestra trinchera de contención o nuestro mayor factor de opresión, sobre todo cuando se trata de disidencias sexuales o de género, como lo vive Marco, protagonista de la historia de Marilyn, el film dirigido por Martín Rodríguez Redondo. Marco es un joven de un pueblo cualquiera de nuestra Argentina, hijo de puesteros de una estancia. Su padre y hermano trabajan la tierra, mientras él se queda en la casa con su madre. Todos tienen una expectativa sobre su futuro, pero nadie le pregunta quién quiere ser él, y él quiere ser otre, no el que esperan que sea, el que le asignaron, sino quien siente ser. La llegada del Carnaval, espacio de idiosincrasia rebelde y desobediente, es la oportunidad inmejorable para mostrase a todos tal cual se siente, pero el patriarcado y la heteronorma reinante le harán sentir el costo de desobedecer los mandatos.