Perú late en la pantalla del14º FESAALP

La sección País Invitado busca en cada edición del festival homenajear la historia cinematográfica de un país latinoamericano. La muestra busca tener un carácter representativo de la diversidad cinematográfica de cada país, así como también de su memoria histórica e identitaria. En este 14° FESAALP homenajeamos a Perú, un pueblo de fuertes mixturas, donde la fuerza de la cultura Inca convive y se hace trama con la religión del invasor colonial. Una sociedad atravesada por fuertes desigualdades sociales, de grandes urbes que rompen con extensas geografías naturales con enormes recursos. Y la herida abierta de un conflicto civil que se cobró miles de vidas y cuya memoria todavía no ha sido puesta en discusión por la sociedad peruana.

Efectos de un enfrentamiento civil que a más de treinta años sin discutirse ha tenido todo tipo de representaciones en el cine peruano, pero ninguna tan honesta y sensible como La casa rosada (2018), último film realizado por Palito Ortega Matute. Palito fue un entrañable director cuya pérdida, ocurrida el año pasado, lamentamos profundamente pero a quien agradecemos la vasta obra cinematográfica retratando la vida cultural del Perú y, sobre todo, su compromiso y honestidad trabajando en distintas producciones un tema tan sensible a la sociedad peruana como la violencia política de los ‘80. Palito eligió retratar en La casa rosada la historia de Adrián Mendoza, viudo, padre de dos hijos, junto a quienes deberá enfrentar la difícil situación social que vive la ciudad de Ayacucho durante el conflicto. Un hecho desafortunado provoca su detención por parte de los militares, desencadenando una persecución asfixiante en medio de la disputa entre el Ejército y Sendero Luminoso. 

La violencia política también atraviesa el relato de Paraíso (2009), dirigida por Héctor Gálvez, la cual narra la vida de cinco adolescentes de una barrio popular de Lima, habitado por familias desplazadas por la violencia de los años ‘90. El final de la secundaria abre una incógnita sobre el futuro de este grupo de adolescentes, quienes deben enfrentar la muerte de un amigo en común y buscar una salida para no tener un destino similar. 

La crudeza de la vida en los barrios es el telón de fondo de Juliana (1989), una de las películas más prestigiosas del cine peruano. Dirigida por Fernando Espinoza y Alejandro Legaspi, Juliana lleva el sello realizativo del reconocido Grupo Chaski, productora de larga trayectoria del Perú, cuyo compromiso social y apuesta a un cine transformador está latente en cada una de sus producciones. La historia de Juliana es la de una niña que con tan solo 13 años debe huir de su casa para escapar de los maltratos de su padrastro. En la calle comenzará su carrera de supervivencia, teniendo que enfrentar no solo las dificultades de la marginalidad de la pobreza, sino también hacerse un lugar en el trabajo callejero, dominado por los varones. Juliana cambia su fisonomía para hacerse pasar por un varón y poder trabajar en los colectivos. La explotación de un mayor, que abusa de su poder cobrándose una parte de lo que ganan les niñes, desatará la rebeldía de Juliana que encabezará una revolución infantil. 

Lejos del territorio de la ciudad se abre el Perú profundo, donde cientos de pueblos indígenas han logrado subsistir gracias a su tradición milenaria y su conocimiento del territorio. Río Verde, el tiempo de los Yakurunas (2017) es un relato de fuerte poética visual y reivindicación de la cosmovisión originaria. El documental, dirigido por los cusqueños Diego y Álvaro Sarmiento, nos adentra en la profundidad de la selva guiados por los cantos de la ayahuasca. En la selva, el tiempo no es el tiempo occidental, sino que lo sentimos a través del viaje de la mano de chamanes y pobladores de distintas comunidades que habitan a la vera del Río Amazonas. La selva y los pueblos resisten ancestralmente, tanto ante la explotación capitalista de los recursos naturales como ante la cultura global, que pone en peligro su estilo de vida en armonía con la naturaleza. 

Las nuevas narrativas de la cinematografía peruana también estarán presentes, de la mano de El espacio entre las cosas (2013), película de Raúl del Busto, protagonizado por un personaje detectivesco de nombre Glauber Maldonado. La realidad y la alucinación se verán entremezcladas tanto en la vida del detective como del director a raíz de misteriosos sucesos que nos meterán dentro del film. Realidad y ficción también se confunden en Cable a tierra (2013), producción autobiográfica de Karina Cáceres. Mediante imágenes, sonidos y textos, la directora evoca sus recuerdos para reflexionar sobre la memoria, sobre aquellos pensamientos y emociones que nos acompañan a lo largo de nuestras vidas.